No es extraño que cada vez aparezcan voces de reclamo, critica y desilusión respecto a Scrum. Sin embargo, cuando se intenta comprender las causas muchas veces no las podemos encontrar.

A mi modo de ver, hay una razón que se pierde de vista: querer hacer Scrum cuando no se quiere y ni se puede hacer Scrum. ¿Qué quiero decir con esto? Pues simplemente que cuando no se “quiere” hacer Scrum es porque no se busca respetar lo que este marco de trabajo requiere para que puede funcionar y cuando no se “puede” es porque no se brinda las condiciones necesarias para que pueda funcionar adecuadamente.

Todo esto, en primer lugar, porque quizá no se sabe por qué haré Scrum, ni por qué consideramos sea necesario hacerlo y no seria extraño, hoy escucho voces de que queremos ser ágiles, pero cuando se les pregunta por qué, no lo saben o, más extraño aún, se declaran ser ágiles, pero en la práctica es todo lo contrario. En ese sentido, basta más que decir que no estamos por el camino correcto al respecto. No obstante, ¿por qué seguir llamando Scrum a algo que no es? Acaso la guía no es lo suficientemente clara para decirnos que

Los roles, eventos, artefactos, y reglas de Scrum son inmutables y aunque es posible implementar solo partes de Scrum, el resultado no es Scrum.

Entonces para ¿qué seguir llamándolo como algo que no es? Considero que aquí está el problema, no aceptar que no estamos haciendo lo que aparentemente creemos que hacemos y peor aún no reconocerlo, porque el mismo hecho de reconocerlo conllevaría a mejorarlo o a tomar las medidas necesarias para realizar el uso correcto. Sin embargo, al no tomar en cuenta tal situación pues perdemos de vista tal cosa y lo dejamos como está así sea que no funcione como debería ser.

No obstante, frente a todo esto, quisiera invitarles a entrever que existe una razón mucha más fundamental y peligrosa, tan peligrosa que es lo que hasta ahora arrastramos y es lo que nos define como segundones: la importancia frente a la opinión pública. Así es, el qué dirán puede ser muy fuerte, la aceptación social… ufff! Mucho más. Solo tomemos en cuenta lo siguiente: te encuentras con tus amigos, ellos dicen que están trabajando con Scrum y tú ¿cómo te sentirías si responderías que no haces Scrum y sigues bajo un modelo predictivo?¡Uy! ¡Que roche decir que no hago lo mismo que ellos¡ Pero, ¿qué van a pensar? Ahora, si esta experiencia lo eleváramos a organizaciones, puede ser hasta peor, especialmente con esta corriente innovadora donde el que menos quiere pegarse la etiqueta de innovación aunque no sepa para qué quiere innovar.

Entonces, ¿qué necesidad de Scrum si no lo necesitas? He allí la cuestión, quizá solo por moda o para estar a la honda, quizá para formar parte del grupo par, peor aún sea que tu Scrum más que Scrum sea un híbrido o un frankestein será difícil no decir todo lo contrario porque al final, más bonito suena decir: ¡Yo hago Scrum! Pero si no te funciona y no te sirve, ¿para qué seguir llamándolo como tal? Lamentablemente he allí el problema, porque a mi modo de ver estaríamos restando la oportunidad de innovar. Al final, la innovación también surge de necesidad de adaptar de hacer algo nuevo para un contexto nuevo, pero si seguimos llamando a algo que no es ese algo pues estamos lejos ser muy innovadores que digamos.