Es inevitable que nuestros logros puedan generar en otras personas malestar, envidia y hasta rabia. No obstante, lo que no podemos hacer es retraernos de celebrar nuestros propios por causa de este tipo de personas, especialmente, porque para el tipo de persona mediocre cualquier cosa que hagamos bien ya se convierte en una acto que dañará su susceptibilidad, aún el propio hecho de respirar o estar en algún ya estará haciéndoles daños. Y, lamentablemente no podemos condicionarnos en nuestro modo de vivir y de disfrutar de nuestra felicidad por causa de la infelicidad de otro que quiere ser infeliz.

En este sentido, es importante prestar atención a los motivos de nuestras creencias que nos pueden llevar a evitar acicalarnos como cualquier persona con una autoestima adecuada. Y, aunque no queramos hacer daño a alguien tampoco podemos evitarlo, ya que queda dentro de la libertad de la otra persona. Solo para tener un ejemplo, es inevitable que por hacer bien nuestro trabajo otras personas mediocres lo vean como una forma de ataque o que sientan que ponen en peligros sus propios puestos. Así pues es inevitable que por causa de hacer bien las cosas nos ganemos hasta enemigos y ciertas envidias. Pero, por supuesto, no se trata solo de lo bien que yo pueda hacer algo, sino también de mi disposición de ayudar a los demás. No obstante, no en todos los casos las otras personas tendrán la mejor actitud para verlo de ese modo y no es que podamos hacer mucho al respecto, sino más bien tomar una actitud adecuada frente al problema, pero tampoco sin caer en esa falsa humildad que nos quieren hacer creer.

Yo reconozco que existe dentro de la sabiduría popular la idea de que es mejor no contar nuestros propios planes, nuestros sueños o de no hacer pompa de nuestros propios logros debido a la mala vibra que los demás pueden tener por causa de esto. Asimismo, esta idea también se afirma detrás de una falsa y estúpida idea de humildad que nos hace pensar que una persona humilde no puede realizar este tipo de actos de celebración que solo caracteriza, dentro del estereotipo, a los ególatras y charlatanes. Sin embargo, nada más lejos de la realidad y de lo peligroso que puede ser educar a nuestros hijos con este tipo de idea tan absurda y dañina que solo lastima a nuestros hijos en lo más profundo de su autoestima.

Y, es que celebrar los propios logros debe ser una costumbre que como padres y demás parte de la familia debe convertirse en una costumbre. Porque un logro por más pequeño que sea, sigue siendo eso, un logro. No importa la magnitud ni el tamaño, sino del esfuerzo que hemos realizado y el sudor que nos ha costado. Por lo tanto, celebrarlo es parte del reconozco de la propia valía de cada persona, es una forma de validar el valor de la persona en su propia dignidad. Pero, lamentablemente, algunos padres en su idea de disciplina hacen creer a sus hijos que ningún logro es suficiente y, por lo tanto, solo terminan por generar mayor inseguridad en ellos junto con una actitud de búsqueda de complacencia y validación constante que puede seguirnos hasta la adultez.

En ese sentido, es importante que nuestros hijos puedan sentirse seguros de que cuando ellos alcancen un logro, sus padres, las personas que más ama sean los primeros que van a validar y celebrar sus logros. Es importante que les enseñemos que celebrar nuestros logros es gesto de caricia para el alma, es acariciar nuestra propia personalidad y auto estima. No debemos enseñar a nuestros hijos que celebrar nuestros logros es solo de personas con un ego alto… No, una persona que es capaz de celebrar sus propios logros y aún hacerlos públicos no es un acto de un ego desmedido, sino de un ego en la medida adecuada y de una persona segura de sí mismo… ¿Por qué? Porque somos seres gregarios, somos seres sociales que constantemente nuestra comunicación es siempre hacía afuera, hacía los demás, por ende, no podemos evitarlo.

Por esa razón, debemos acostumbrar a nuestros hijos de un logro que ellos puedan alcanzar es importante que sea también reconocido, y si otros no son capaces de hacerlo y que tampoco es necesario, porque solo crearía personas dependientes del aplauso ajeno, pues uno mismo también debe ser capaz de hacerlo.

Finalmente, mamá, papá, no sea estricto con su hijo o hija, aprenda a ser compresivo con ellos, recuerde que son niños y, por lo tanto, nunca podrán hacerlo todo bien, como usted tampoco es capaz de hacerlo. No sea severo con ellos, enséñele que la vida no es blanco ni negro, menos que existe solo dos bandos de malos y buenos, sino que vivimos en un mundo de seres humanos donde su grandeza se encuentra en la libertad que poseemos cada uno. Querido mamá y papá ayude a su hijo a ser seguro, valide su estima, celebre sus propios logros por más pequeños que sean, pero claro, aquellos logros que le hayan costado trabajo y esfuerzo… Si usted quiero hijos más seguros y más humanos, enséñele a celebrar sus propios logros.